| Álvaro Mardones y el quiebre del paradigma educacional chileno: “El colegio debe ser una fuente de riqueza cultural para las comunidades” |
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La publicación de su libro sobre darwinismo social y sus recientes artículos de opinión que desnudan el sistema escolar y a quienes lo sostienen, fueron motivo suficiente para profundizar con el profesor de Biología y consultor en educación, Álvaro Mardones, quien, sin pelos en la lengua, sepulta la visión zoológica que el neoliberalismo imprime a la fuerza sobre nuestros estudiantes. “Se creyeron el cuento que el único paradigma posible era el modelo de la lucha por la existencia”, argumenta.
Por Sebastián Vega
- ¿Cómo analizas desde tu punto de vista de profesor este movimiento social estudiantil que se produjo en 2011?
- Es la culminación de un proceso largo que se venía gestando, psicológicamente podríamos decir, desde el año 2005. Cuando la gente empezó a conversar y a cuestionar el modelo desde lo cotidiano, entre los compañeros de curso por ejemplo, ahí empezó a desmoronarse la dictadura, no antes. Desde el 2005, como profesor no veía un cuestionamiento al interior del aula de lo que estaba ocurriendo con el modelo de mercado (…) se hablaba de la falta de profesores, recursos, del por qué las salas estaban inmundas, pero hasta entonces el culpable de todo era el profesor, porque era la cara visible del modelo.
- ¿Cuáles son en concreto los defectos que ves del paradigma educativo chileno? - En un momento ni siquiera los tenía claro. Los humanistas en ciertos aspectos lo cuestionaban a grandes rasgos, pero muy poca gente tenía claridad sobre este asunto. El modelo empezó a cuestionarse porque se produjo una tensión psicológica-social al interior del aula, cuando las salas de clases estaban en condiciones paupérrimas y los sostenedores llegaban haciendo ostentación de la riqueza que tenían. Eso lo vi en muchos colegios. Eran dueños absolutos de la verdad, verdaderos señores feudales, donde era imposible construir un sindicato o centro de alumnos, entonces adoptaban una posición absolutamente dictatorial, eso generaba tensión alta.
Fue el año 2006 cuando me encuentro con la “revolución pingüina”. Ya los chicos del Liceo de Aplicación se cuestionaban el modelo de mercado, fueron los primeros a los que les escuché hablar de eso. Cabros de estratos bajos, con una capacidad de la media hacia arriba. Ellos lo irradiaron por todos lados; el tema de la LGE, la LOCE, como ahora los estudiantes cuestionan el modelo de endeudamiento que se tiene. Bueno, eso hace meses era “normal”, incluso gente progresista lo encontraba muy bien, era parte de lo natural del sistema, donde el Estado tenía que sustraerse, jibarizarse en el fondo, no intervenir, simplemente subvencionar, nada más.
- ¿En qué momento caíste en cuenta de la gravedad del asunto? - Bueno, empecé a investigar todo cuando hice el Magister en la U. del Desarrollo, una universidad neoliberal. Ahí conocí a Harald Beyer, (Cristian) Larroulet, (Joaquín) Lavín, varios íconos del neoliberalismo en la educación. Conocí de primera fuente lo que ellos querían y sustentaban. Cuanto más me iba metiendo, más lo iba cuestionando. ¿Por qué el modelo de mercado tiene que aplicarse a las escuelas? Ellos nos decían, “la competencia es natural, la naturaleza es así”… y yo me preguntaba por qué las relaciones comerciales deben aplicarse al mundo social (…)
Tú no puedes entender como algunas ideologías como la democracia cristiana o la social democracia hayan aceptado un modelo tan aberrante, que toma al ser humano como un ser zoológico que siempre lucha por sus propios intereses al interior del sistema escolar, en la formación de los niños. No hay nada dentro de estas doctrinas que expliquen el por qué ellos dejaron que este modelo se introdujera en el sistema escolar chileno. Se creyeron el cuento que el único paradigma posible era el modelo de la lucha por la existencia, porque ese es el trasfondo del neoliberalismo; cada uno lucha por sus propios intereses. Por suerte aparecieron algunas doctrinas que empezaron a aparecer en el tiempo, pero no han madurado todavía…
- ¿Cómo cuáles?
- Bueno, el Humanismo Universalista de Silo. Ya en los años 80-90 planteaba que el ser humano no podía ser tratado como un ser zoológico, incluso antes de que emergiera esta oleada neoliberal, Silo lo decía. Lo que hice yo fue tratar de conciliar su discurso filosófico-psicológico y ligarlo con los contenidos biológicos (…) en 100 años, los seres humanos hemos logrado vivir mucho más, desarrollamos la capacidad de modificar nuestro entorno e, incluso, pudimos cambiar nuestra propia “naturaleza humana”.
- Me has dado algunas razones del colapso del sistema y cómo se profundizó el modelo, sin embargo, ¿qué se necesita para cambiar el paradigma educativo chileno? ¿Qué hacemos para idear un ser humano que escape a esa “naturaleza impuesta”?
- La clave, como la mayoría de la gente percibe, es el sistema educativo como tal. Un sistema que se modifique sin transformar las escuelas, llegará a los mismos vicios a futuro. Debemos alcanzar un sistema educativo decente, donde cada estudiante tenga la posibilidad de desarrollar sus talentos…
- ¿Y cómo se aterriza esa propuesta, hacia dónde apuntamos?
- Las soluciones están a la mano. Las escuelas deben abrirse a las comunidades, es decir, la familia tiene que participar en la formación y, en cierto porcentaje, en la gestión de las escuelas. El colegio debe ser una fuente de riqueza cultural para las comunidades. Existen ejemplos claros, como Finlandia, donde las escuelas pasaron del conductismo al cognoscitivismo para ir más allá, y entrar al conductismo. Ahí el niño se mueve estudiando. Incluso más, ver temas como el afecto, la intencionalidad, la espiritualidad. Una escuela que englobe todo eso, que no sea un reproductor de las condiciones de injusticia, sino que las transforme, y para eso no se requieren grandes recursos. Las Escuelas Warisata de Bolivia en 1930 son otro ejemplo (…) es posible hacerlo. Y ojo que no es traspasar las escuelas al Estado, porque estatizar la educación, como ocurre en la mayoría de los países de América Latina, es igual de asfixiante.
- ¿Cuál sería entonces el rol que debería cumplir el Estado?
- El Estado debe subvencionar y dar grandes directrices sobre lo que debe ser el sistema educativo chileno, pero con muchas diferencias. ¿Por qué pedir que se estaticen las escuelas de las comunidades indígenas en la Araucanía? Eso es un Estado colonialista, enseñando la pacificación de la Araucanía en zonas donde hubo matanzas gravísimas a niños. Son las comunidades las que efectuar su propia forma de educación. También me parecen interesantes las Cooperativas escolares, viendo y pensando cómo administrarlas bien, pero cómo está concebida actualmente la educación en Chile, con tintes colonialistas, donde la historia universal se enseña como la historia europea, occidental, no me parece. No creo en un Estado verticalista, prefiero las comunidades, darle poder a la gente.
Chile, la política y los políticos
- ¿Qué te ha parecido el gobierno de Sebastián Piñera?
- Tenía una mala percepción de este gobierno desde antes, pero la verdad es que fue peor de lo esperaba. Ellos han seguido instalando el modelo empresarial en un sistema social. Él mismo (Piñera) se puso la soga al cuello elevando demasiado las expectativas de la gente (…) prometió la meritocracia y lo que ha ocurrido ha sido lo contrario, todo se ha mantenido igual.
- Estamos en medio de una crisis de representatividad, donde los jóvenes no se sienten afines a ninguna colectividad política, un clima “anti-partido”…
- Si no hay una base de pensamiento, una ideología que aglutine en torno a la diversidad, el respeto, la tolerancia y la diversidad, que se encarne en una red que los coordine, esto puede resultar en cualquier cosa.
- ¿Crees que este PH joven, que está formando una alianza con los partidos Progresista y Ecologista-Verde, pueda construir una tercera fuerza que aglutine precisamente este desencanto general?
- A medida que estas fuerzas entiendan este fenómeno complejo, sí lo podrán hacer, pero mirando las diferentes aristas. Hay una emergencia de las clases medias que están empujando hacia arriba y que quieren tener expresión política. Eso debería canalizarse en esta clase emergente que está naciendo, que ni siquiera la tildaría de revolucionaria, pero que se parezca mucho. Existen varios ejemplos en América Latina, donde los nuevos líderes se parecen mucho a su pueblo, frase acuñada por Néstor Kirschner cuando hablaba de Evo Morales, Lula da Silva, Hugo Chávez, Rafael Correa, (Fernando) Lugo en Paraguay o (José) Mújica en Uruguay.
Entonces en Chile necesitamos un líder que represente y encarne lo que está pidiendo la mayoría de la gente. En términos sociológicos, Patricio Aylwin era como el abuelo que nos vino a cuidar de la dictadura, Eduardo Frei y Ricardo Lagos representaban al padre, Michelle Bachelet era la madre, bueno, ahora se pide al hijo. En nuestro país necesitamos alguien del movimiento social, y bueno, en cierta manera, esta nueva plataforma PH-PRO-PE pueden ser un trampolín, abrir las puertas y dar institucionalidad para una revolución democrática, como lo están haciendo otras naciones de América Latina. |



